Rococó1769
La Inspiración
Jean-Honoré Fragonard
El ojo del conservador
"Observe la técnica del "fa’ presto" donde el pincel parece esculpir literalmente la luz en la materia pictórica. La mirada hacia lo invisible materializa el concepto abstracto de inspiración divina en el corazón de la Ilustración."
Manifiesto de la "furia" pictórica de Fragonard, este retrato de fantasía captura el instante eléctrico de la creación. Una explosión de pinceladas rápidas que transforma el acto de escribir en un evento casi místico.
Análisis
Pintado hacia 1769, este cuadro pertenece a la célebre serie de los "Retratos de fantasía". Fragonard abandona en ellos la precisión del detalle por una libertad de ejecución radical que prefigura el impresionismo. La obra no busca el parecido físico sino la expresión de un estado de ánimo, el del escritor poseído por una fuerza superior. La rapidez del gesto pictórico responde aquí a la fulgurancia del pensamiento, creando una simbiosis perfecta entre fondo y forma.
La iconografía se vincula al mito de la Musa, aunque esta se encuentre visualmente ausente. En la tradición clásica, la inspiración proviene de una fuente exterior divina; aquí, Fragonard la sitúa en una tensión psicológica interna. El hombre, con la pluma suspendida, ya no escribe: escucha. Este momento de suspensión es el pivote de la obra, marcando el paso de la razón laboriosa a la iluminación creadora, un tema querido por la filosofía de Diderot sobre el genio.
El análisis de la materia revela un uso virtuoso de la pintura al óleo, trabajada casi como un bajorrelieve. Fragonard utiliza brochas anchas e incluso el mango de su pincel para rayar el color aún fresco, acentuando el dinamismo de la figura. Este tratamiento "de primer impulso" confiere a la obra una energía vital extraordinaria, haciendo de este retrato un objeto de fascinación para los amantes de la pintura pura, lejos de las exigencias académicas de la época.
Finalmente, la obra cuestiona el lugar del artista en la sociedad del siglo XVIII. Al pintar este retrato de fantasía, Fragonard se afirma como un virtuoso capaz de producir una obra maestra en un tiempo récord. Es una celebración de la virtuosidad francesa, donde el brío de la ejecución se convierte en una prueba de la inteligencia y la vivacidad de espíritu, cualidades supremas de la aristocracia y la élite intelectual del Antiguo Régimen.
El secreto más fascinante reside en la velocidad de ejecución: una inscripción al dorso de ciertos retratos de la serie sugiere que Fragonard los pintaba en una sola hora ("en une heure de temps"). Esta hazaña, casi atlética, era un desafío a la tradición que exigía semanas de trabajo para un retrato. Es una verdadera demostración de fuerza técnica destinada a impresionar a sus pares y a sus clientes.
La identidad del modelo sigue siendo un misterio hábilmente mantenido. Identificado durante mucho tiempo como el poeta Saint-Lambert o el abad de Saint-Non, investigaciones recientes sugieren que podría tratarse de un retrato idealizado o de un modelo profesional. Este desenfoque identitario refuerza la idea de que el sujeto real del cuadro no es el hombre mismo, sino el proceso intelectual y espiritual de la inspiración.
Un detalle oculto se encuentra en los "golpes de sable", esas pinceladas anchas características. Al examinar el lienzo de cerca, se descubre que Fragonard utilizó pigmentos muy costosos, como el amarillo de Nápoles, pero aplicados con una aparente negligencia. Este contraste entre la riqueza de los materiales y la brutalidad del trazo es un secreto de lujo discreto, una "sprezzatura" pictórica donde el esfuerzo se enmascara con una soltura fingida.
El cuadro formaba parte de un conjunto decorativo cuya lógica de grupo se perdió con las ventas. El secreto de su potencia reside también en su interacción con los otros retratos de la serie, creando una galería de caracteres que se oponen y se responden. El aislamiento actual de la obra en el Louvre nos hace olvidar que fue concebida como una pieza de un rompecabezas psicológico más amplio.
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"La Inspiración" forma parte de la célebre serie de los "Retratos de fantasía". Técnicamente, ¿qué particularidad de la ejecución atestigua el virtuosismo extremo reivindicado por Fragonard?
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