Romanticismo1781
El pesadilla
Johann Heinrich Füssli
El ojo del conservador
"Una mujer yace abandonada mientras un íncubo pesa sobre su torso. Una yegua espectral de ojos saltones emerge de las cortinas para observar la escena nocturna."
Manifiesto del Romanticismo oscuro, esta obra de 1781 explora las fronteras entre sueño y realidad, deseo y terror, a través de una iconografía gótica de potencia psicológica inédita.
Análisis
Expuesto por primera vez en la Royal Academy en 1782, "El Pesadilla" de Füssli marca una ruptura radical con el neoclasicismo dominante. La obra se inscribe en el contexto del "Sturm und Drang" y prefigura el romanticismo por su exploración de lo irracional y los rincones oscuros del alma humana. Füssli no pinta una escena histórica o mitológica clásica, sino la experiencia subjetiva de la angustia nocturna. Es una obra que captura el instante en que la razón se duerme para dejar paso a los monstruos, un tema que resonará más tarde en la obra de Goya y sus Caprichos.
La explicación del mito se basa en las leyendas folclóricas germánicas y escandinavas sobre el íncubo y la "Mara". El íncubo es un demonio masculino que se creía se posaba sobre las durmientes para oprimirlas o tener relaciones sexuales con ellas. El término inglés "nightmare" deriva de "mare", un espíritu maligno que asfixia a sus víctimas. Füssli da cuerpo a estos miedos ancestrales materializando al demonio en una forma simiesca y grotesca. El mito ya no es aquí una fábula lejana, sino una realidad fisiológica y psíquica palpable, transformando una superstición en un estudio clínico de la parálisis del sueño.
Técnicamente, Füssli utiliza un claroscuro dramático para aislar la luminosa figura femenina del caos oscuro que la rodea. El contraste entre el cuerpo blanco marfil, casi etéreo, y los tonos terrosos del demonio crea una tensión visual insoportable. La yegua, aunque su nombre sugiera un juego de palabras con "nightmare", no estaba presente en los primeros bocetos, pero refuerza el aspecto teatral y espectral con su blancura yesosa y su mirada vacía. La pincelada es fluida, casi apresurada en los fondos, para acentuar el aspecto vaporoso e inestable de la visión onírica.
Psicológicamente, la obra es de una complejidad abismal. Trata de la vulnerabilidad sexual y del deseo reprimido. La postura de la mujer, con la cabeza hacia atrás y los brazos colgando, sugiere un estado entre el éxtasis y la agonía, evocando una forma de muerte simbólica. Füssli proyecta sus propias obsesiones personales, especialmente su pasión frustrada por Anna Landolt. Es una obra pre-freudiana que explora la libido como una fuerza oscura y destructora, convirtiendo al espectador en un voyeur cómplice de este teatro de sombras. La yegua y el íncubo son proyecciones del inconsciente atormentado.
Uno de los secretos más fascinantes está ligado a la vida privada del artista. Füssli estaba locamente enamorado de Anna Landolt, quien había rechazado su propuesta de matrimonio. Los análisis han mostrado que la mujer representada comparte los rasgos idealizados de Anna, transformando el cuadro en una especie de venganza onírica. También se ha descubierto que Füssli consumía a veces carne cruda u opio antes de dormir para inducir sueños lúcidos y terroríficos, buscando así alimentar su inspiración mediante una experiencia directa del horror fisiológico.
Científicamente, los análisis espectrales revelan arrepentimientos significativos en la cabeza de la yegua. Esta parece haber sido añadida para satisfacer una necesidad iconográfica tardía, creando ese juego de palabras visual entre la "mare" (yegua) y el "nightmare". Además, el cuadro tuvo tal impacto que durante su exposición, varias mujeres se habrían desmayado ante la violencia de la sugerencia. La obra fue ampliamente difundida por el grabado, convirtiéndose en la primera "imagen viral" de la historia del arte, parodiada por caricaturistas políticos para criticar a Napoleón.
Otro misterio reside en la presencia del frasco en la mesita de noche, a menudo ignorado. Estos objetos remiten a la farmacopea de la época: el frasco podría contener láudano, sugiriendo que la pesadilla es de origen narcótico. El espejo, símbolo de la verdad, no refleja nada, subrayando que estamos en un espacio puramente mental donde las leyes de la óptica no se aplican. Es esta ambigüedad entre lo médico y lo sobrenatural lo que otorga a la obra su fuerza duradera y su carácter precursor del psicoanálisis moderno.
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