El secreto más íntimo de esta obra reside en el hecho de que Millet pintó esta aldea de memoria, apoyándose en bocetos realizados durante sus raras visitas, pero sobre todo en sus recuerdos de infancia. Aunque se reivindica realista, este cuadro es una reconstrucción mental, una visión idealizada del refugio familiar al que ya no podía reintegrarse físicamente tras el fallecimiento de sus padres.
Un secreto técnico bien guardado concierne a la preparación del soporte. Millet utilizaba a menudo lienzos de recuperación o fondos coloreados muy oscuros para dar a sus cielos normandos esa grisalla luminosa tan particular. Para "La aldea Cousin", aplicó veladuras de betún que, con el tiempo, tienden a ennegrecer, pero que originalmente ofrecían una profundidad de campo extraordinaria, haciendo que la sombra de los olmos fuera casi palpable.
La obra encierra también un detalle biográfico oculto: la "Aldea Cousin" lleva ese nombre en referencia a los miembros de su propia familia extendida. Al pintar este lugar, Millet trazaba un retrato indirecto de su genealogía. Los muros de piedra no son simples elementos de decorado, son los guardianes de la historia de los Millet, un archivo visual de la presencia de su clan en esta costa inhóspita desde hace siglos.
Existe una dimensión mística poco conocida. Millet, aunque poco practicante, leía diariamente la Biblia. Expertos han señalado que la estructura de la aldea recuerda las descripciones bíblicas de la tierra de Canaán, una tierra de promesa y de aspereza. Para él, pintar Gréville era una manera de pintar la Tierra Santa de su propio relato personal, transformando una modesta aldea en un lugar de revelación divina a través de la naturaleza.
Finalmente, el cuadro fue considerado durante mucho tiempo por el propio Millet como una obra inacabada o "demasiado personal". Dudaba en mostrarlo, temiendo que el público parisino no comprendiera la poesía austera del Cotentin. No fue hasta mucho más tarde cuando la crítica reconoció en este lienzo la quintaesencia de su genio paisajístico, lejos de las polémicas sociales de sus escenas de espigadoras o sembradores.