Barroco1639
Autorretrato como alegoría de la pintura
Artemisia Gentileschi
El ojo del conservador
"La artista se representa en una postura de trabajo dinámica, rompiendo con los autorretratos estáticos de la época. Se observa la cadena de oro con el colgante de máscara y el cabello desordenado."
Una proeza conceptual donde Artemisia Gentileschi fusiona su propio rostro con la alegoría de la Pintura (La Pittura). Es una declaración de independencia artística y una demostración técnica virtuosa.
Análisis
En esta obra maestra de madurez pintada durante su estancia en Londres, Artemisia Gentileschi logra lo que ningún pintor masculino pudo: encarnar físicamente la alegoría de su profesión. Según la tradición iconográfica del Renacimiento y del Barroco, las alegorías se representaban sistemáticamente con rasgos femeninos. Al pintarse a sí misma como "La Pintura", Artemisia no se conforma con un autorretrato; fusiona su identidad real con la entidad divina y abstracta de la creación pictórica, afirmando que su existencia y su arte son inseparables.
La obra se inspira directamente en la "Iconologia" de Cesare Ripa, el manual de referencia de los símbolos de la época. Para representar la Pintura, Ripa prescribe una mujer con las cejas arqueadas, el cabello esparcido que simboliza el furor creativo, y que lleva una cadena de oro con una máscara colgando al cuello, símbolo de la imitación de la naturaleza. Artemisia respeta escrupulosamente estos códigos infundiéndoles una realidad física impactante. Vemos el esfuerzo en su brazo, la concentración en su mirada esquiva y la realidad de un taller donde la artista está verdaderamente trabajando.
Este análisis revela una profundidad sociopolítica mayor. En una época en la que las pintoras eran a menudo relegadas a naturalezas muertas o retratos delicados, Artemisia se sitúa en el corazón de la acción más noble. Muestra sus mangas arremangadas, su mano manchada de pintura y su postura inclinada, subrayando que la pintura es un trabajo manual laborioso tanto como una búsqueda intelectual. Reivindica un lugar que la sociedad de la época a menudo le negaba: el de un maestro capaz de concebir y ejecutar obras complejas.
Finalmente, la dimensión mitológica y filosófica está presente en la ausencia de contacto visual con el espectador. Contrariamente a la mayoría de los autorretratos que buscan entablar un diálogo, Artemisia mira su lienzo invisible. Se define por su acción y no por la mirada del otro. Se convierte en el instrumento de la "Divina Pintura", transformando el acto creador en una forma de meditación activa donde el sujeto pensante y el objeto creado se confunden en el movimiento del pincel.
El dominio de la luz y las texturas, especialmente el satén verde de su vestido y la piel de sus brazos, subraya su virtuosismo técnico. Demuestra que posee la "maniera", esa soltura estilística buscada por los más grandes coleccionistas, incluido el rey Carlos I de Inglaterra, quien fue el primer propietario de este lienzo excepcional.
El secreto más fascinante de este cuadro reside en la proeza técnica necesaria para su realización. Para pintarse bajo este ángulo complejo, de perfil y en plena acción, Artemisia tuvo que utilizar un sistema de dos espejos posicionados de manera angular. Esta configuración explica la distorsión ligera pero genial de su postura. No es una simple pose; es una captación óptica de su propio cuerpo en movimiento, lo que supuso una gran innovación tecnológica y artística para el siglo XVII.
Un secreto bien guardado concierne a la cadena de oro y la máscara. Aunque son atributos de "La Pittura", algunos historiadores ven una sutil indirecta dirigida a sus detractores masculinos. La máscara simboliza la imitación, pero aquí cuelga inerte sobre su pecho mientras ella, la artista viva, crea. Es una forma de decir que si los otros imitan, ella sola vive el arte desde el interior. La máscara, a menudo asociada al engaño, queda aquí reducida a una simple joya, dominada por la fuerza creativa real de la mujer.
El análisis de rayos X reveló un secreto de composición: Artemisia pintó inicialmente sus manos de manera diferente. Había más vacilación en el posicionamiento del pincel. Al retrabajar la mano derecha para que se lanzara con más vigor hacia la esquina superior del lienzo, reforzó el aspecto autoritario de su gesto. Quería evitar absolutamente cualquier blandura que pudiera ser interpretada como "debilidad femenina" por los críticos de la Royal Collection.
El cuarto secreto concierne al cabello "desordenado". Si Ripa lo recomendaba para la alegoría, Artemisia lo utiliza para esconder un detalle personal: no tenía sirvienta para ayudarla a peinarse durante sus sesiones de pintura solitaria en Londres. Lo que pasa por un símbolo intelectual de "furor creativo" es también una realidad pragmática de una mujer independiente que sacrificaba la apariencia social a la necesidad de la obra.
Finalmente, el cuadro contiene un misterio ligado a su comitente. Se creyó durante mucho tiempo que fue un encargo directo de Carlos I, pero investigaciones recientes sugieren que Artemisia lo pintó por iniciativa propia para servir como "tarjeta de visita" monumental ante la corte inglesa. Envió este cuadro como una prueba irrefutable de su genio, utilizando la alegoría para sortear los prejuicios e imponerse como una figura imprescindible del barroco europeo.
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En términos de construcción técnica, ¿qué proeza espacial logra Artemisia para autorrepresentarse bajo este ángulo específico de "La Pittura"?
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