Realismo1849-1850

Entierro en Ornans

Gustave Courbet

El ojo del conservador

"La fosa abierta en primer plano, los rostros no idealizados de los habitantes de Ornans y la inmensidad del formato (6,6 metros de ancho)."

El manifiesto del Realismo: Courbet eleva un hecho cotidiano provincial al rango de pintura de historia, rompiendo los códigos académicos con una verdad bruta y monumental.

Análisis
Expuesto en el Salón de 1850, "Un entierro en Ornans" provocó un seísmo estético y social. El contexto histórico es el de la Segunda República, un periodo de tensiones de clase y de afirmación del mundo rural. Al elegir un formato monumental —tradicionalmente reservado a soberanos, batallas o escenas bíblicas— para representar el entierro de un anónimo en su pueblo natal, Courbet comete un acto de "terrorismo artístico". Rechaza la idealización romántica para imponer una realidad trivial: la de la provincia francesa, con sus notables, su clero y sus campesinos, todos tratados con la misma importancia visual. El estilo se caracteriza por una aplicación densa de la pintura, a veces con espátula, dando una materialidad casi terrosa al lienzo. La técnica de Courbet rechaza el "acabado" académico para privilegiar una autenticidad de la textura. Psicológicamente, la obra es de una frialdad desconcertante: no hay un centro emocional único, ni plañideras teatrales para guiar el sentimiento del espectador. El duelo aquí es colectivo, monótono y social. Es la representación de la muerte sin metafísica, el fin de un cuerpo que se entrega a la tierra bajo la mirada de una comunidad más preocupada por su propia presencia social que por el más allá. En el plano mitológico, o mejor dicho contra-mitológico, Courbet entierra aquí el Romanticismo. No hay ángeles, ni cielos abiertos hacia la luz divina, solo un acantilado de caliza gris y un agujero abierto. El mito del heroísmo es reemplazado por el dogma del Realismo: "Pintad lo que veis". La explicación de la historia reside en la identificación precisa de los participantes: el alcalde, el juez, el cura e incluso los miembros de la familia de Courbet. Es un retrato de grupo que se convierte en una autopsia de la sociedad francesa de mediados del siglo XIX. El análisis profundo revela una obra radicalmente democrática. Al colocar la fosa en el borde mismo del encuadre, Courbet obliga al espectador a situarse al borde del agujero, haciéndonos partícipes de la ceremonia. La falta de jerarquía entre los personajes remite directamente a los ideales socialistas del artista. Es una pintura de la "vida real" que rechaza mentir sobre la fealdad o la banalidad, transformando lo trivial en sublime por la sola fuerza de la presencia física del mármol y la carne.
El Secreto
El secreto más impactante de esta obra reside en la identidad del muerto, que nunca se muestra pero que acecha el lienzo. Se trata del tío abuelo materno del artista, Jean-Pierre Oudot, fallecido en 1848. Pero la anécdota más reveladora es que Courbet hizo posar a todos los habitantes de Ornans en su taller. Los modelos no se daban cuenta de que participaban en una revolución; estaban orgullosos de estar "en el cuadro del maestro". El resultado fue un realismo tal que los críticos del Salón gritaron al escándalo, acusando a Courbet de pintar "espantapájaros". Análisis científicos por reflectografía infrarroja han mostrado que Courbet modificó varias veces la posición del perro y de la fosa para acentuar el efecto de profundidad inmediata. Otro misterio rodea a los dos personajes de rojo a la izquierda: los "pertigueros". Sus rostros rubicundos y sus expresiones fueron interpretados en la época como una crítica virulenta a la embriaguez del clero rural, mientras que Courbet afirmaba simplemente pintar la verdad óptica. Finalmente, la obra esconde una dimensión política: el formato del lienzo era tan grande que Courbet tuvo que pintarlo en un desván exiguo, incapaz de retroceder para ver el conjunto. Esta restricción física explica quizás el aspecto de "friso" y la ausencia de una perspectiva central clásica. El cuadro fue transportado a París en un convoy excepcional, y su rechazo por la élite parisina selló el destino de Courbet como el "rebelde" de la pintura francesa.

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Institución

Musée d'Orsay

Ubicación

Paris, Francia