Expresionismo1913

Composición VII

Wassily Kandinsky

El ojo del conservador

"Realizada en solo cuatro días tras meses de preparación, esta obra fusiona temas apocalípticos y redentores en un torbellino de formas y colores sin precedentes."

Considerada la obra maestra absoluta de Kandinsky, este lienzo es una sinfonía visual monumental donde la abstracción pura alcanza su paroxismo vibratorio.

Análisis
Composición VII se describe a menudo como la obra más compleja de principios del siglo XX. Kandinsky abandona toda referencia figurativa directa para explorar el poder espiritual de la forma pura. Para comprender este lienzo, hay que sumergirse en los temas que obsesionaban al artista en aquella época: el Diluvio, la Resurrección, el Juicio Final y el Jardín del Edén. Aunque estos motivos se han vuelto casi ilegibles, constituyen la columna vertebral emocional de la obra. El artista consideraba la pintura como una forma de música visual. Aquí, cada color corresponde a una sonoridad y cada línea a una fuerza psicológica. El análisis del experto revela que Kandinsky no buscaba pintar un "objeto", sino provocar una "vibración interior" en el espectador. Este lienzo marca el momento en que el arte occidental vira definitivamente hacia la abstracción lírica, liberando al color de su función descriptiva. El mito subyacente es el de la destrucción creadora. Kandinsky creía que el mundo material debía ser aniquilado para dejar paso al reino de la espiritualidad. Este lienzo es la representación de ese cataclismo necesario. Las formas que parecen chocar son en realidad fuerzas cósmicas en plena mutación. Se invita al espectador no a mirar el lienzo, sino a "entrar" en él, a dejarse sumergir por este flujo de energía. Finalmente, la obra da testimonio de la teoría de la sinestesia del artista. Kandinsky "oía" los colores. El rojo era para él el sonido de una trompeta, el azul el de un violonchelo. En la Composición VII, estamos ante una orquesta completa. La densidad de las capas pictóricas y la superposición de motivos crean una profundidad espacial que desafía la perspectiva tradicional, abriendo una ventana a una dimensión espiritual.
El Secreto
Uno de los secretos más fascinantes de esta obra reside en su prodigiosa ejecución. Kandinsky pasó más de seis meses realizando más de 30 bocetos, acuarelas y estudios al óleo. Sin embargo, el lienzo final, inmenso (2 x 3 metros), fue pintado en solo cuatro días, del 25 al 28 de noviembre de 1913. Esta rapidez no fue improvisación, sino una actuación casi ritual, documentada por fotografías de Gabriele Münter. El cuadro contiene restos de temas religiosos rusos que Kandinsky "disolvió" progresivamente. Si se observan de cerca ciertos bocetos preparatorios, se puede identificar la silueta de una barca con remos (el Diluvio) o un ángel tocando la trompeta (el Juicio Final). En la versión final, estos elementos se redujeron a glifos, signos taquigráficos que conservan la carga emocional del mito sin imponer la imagen. Otro secreto se refiere a la paleta cromática. Kandinsky utilizaba pigmentos específicos para crear contrastes de temperatura (cálido/frío) destinados a manipular la percepción espacial. El centro del lienzo parece avanzar hacia el espectador mientras que los bordes parecen retirarse. Este movimiento de respiración pictórica es fruto de un estudio científico sobre el impacto psicológico de los colores. Finalmente, la Composición VII sobrevivió milagrosamente a las turbulencias de la historia rusa. Durante mucho tiempo oculta o malinterpretada por el régimen soviético, la obra permaneció como una especie de "monolito esotérico" en los almacenes de los museos antes de ser reconocida como la cumbre del arte moderno. Sigue siendo hoy un reto para los restauradores debido a la complejidad de las mezclas de aglutinantes.

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Institución

Galerie Tretiakov

Ubicación

Moscou, Rusia