Clasicismo1701
Retrato de Luis XIV
Hyacinthe Rigaud
El ojo del conservador
"Las regalia (corona, cetro, mano de justicia), el manto de flor de lis forrado de armiño y las piernas de bailarín del rey en contraste con su rostro envejecido."
Icono absoluto de la monarquía de derecho divino, este retrato de 1701 de Hyacinthe Rigaud fija para la eternidad la imagen del Rey Sol en toda su sagrada majestad.
Análisis
Pintado originalmente para Felipe V de España, nieto de Luis XIV, este retrato tuvo tanto éxito en la corte que el rey decidió conservarlo en Versalles. Históricamente, la obra interviene al final del reinado, en 1701, afirmando el poder inalterado de los Borbones a pesar de las guerras. Rigaud no pinta solo a un hombre, sino a la institución monárquica misma.
El contexto "mitológico" reside en la doctrina de los "dos cuerpos del rey": el cuerpo físico, mortal, y el cuerpo político, inmortal. Rigaud orquesta esta dualidad con genio psicológico. El rostro del rey, marcado por sus sesenta y tres años, expresa un cansancio majestuoso, mientras que su cuerpo conserva la elegancia de un joven bailarín de ballet, recordando sus éxitos pasados en la corte.
La técnica de Rigaud alcanza aquí su paroxismo en la representación de los materiales. El terciopelo azul profundo del manto, la blancura inmaculada de la piel de armiño y la brillantez metálica de la espada "Joyeuse" están representados con precisión táctil. El artista utiliza sucesivas veladuras para dar profundidad a los textiles y una luminosidad real a las Regalia. El juego de texturas crea una sinfonía de lujo.
Finalmente, la obra sirve como manifiesto político global. Los atributos del poder están dispuestos estratégicamente: la corona sobre un cojín, el cetro sostenido al revés como un bastón de mando. Este retrato es el prototipo del retrato de aparato europeo, influyendo en todas las cortes del siglo XVIII. Encarna el absolutismo donde el rey es el centro inmóvil del universo.
Uno de los secretos más fascinantes de este lienzo se refiere a su fabricación "por piezas". Luis XIV nunca posó para todo el cuadro. Rigaud pintó el rostro en un pequeño lienzo separado que luego pegó en el gran lienzo final. Esto permitía al rey posar poco tiempo. Las radiografías modernas han confirmado esta sutura en el cuello, invisible a simple vista.
Otro misterio reside en los zapatos del rey. Luis XIV lleva zapatos con tacones rojos, una distinción reservada exclusivamente a la alta nobleza admitida en la corte. Estos tacones rojos no son solo un accesorio de moda, sino un signo de casta. Además, la espada Joyeuse, la legendaria espada de Carlomagno, se lleva de forma anacrónica, vinculando simbólicamente a Luis XIV con el linaje carolingio.
Análisis científicos han revelado que la cortina de terciopelo rojo ocultaba inicialmente una arquitectura más compleja. Rigaud eligió simplificar el fondo para que la masa de tela actuara como un dosel real, concentrando la luz en la figura del monarca. Además, las flores de lis del manto se dispusieron según un patrón que parece moverse con el drapeado.
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